Mariposas de luz

Relatos

«No dejes que se escapen las mariposas.

Sé que son huidizas, que es difícil encontrarlas, que hacen que tiemble todo el ecosistema, que hacen cosquillas; y no unas cosquillas agradables, sino unas incómodas cosquillas que se presentan en el peor momento posible.

No importa. Da igual. No le hagas caso al resto, que te dirá que son alucinaciones tuyas, que las mariposas no existen y que probablemente estés intoxicado por algún agente externo. Esas son tonterías que se tragan los idiotas que están cagados de miedo por dentro. ¿No me crees? Te aseguro que esa apariencia de indiferencia es solo una tapadera. Al fin y al cabo la gente tiene un miedo acojonante a todo lo desconocido.

Luego estarán todos aquellos simplistas que achacarán esas mariposas a un solo sentimiento. Ja. Es mucho más que eso, te lo aseguro, esas mariposas son especiales. Si solo pudieras echarles un vistazo, verlas como yo las veo, quedarías prendado de ellas. Son brillantes, como si estuvieran hechas de luz, puras y letales a la vez, un solo vistazo basta para estar rendido a sus pies, y si eres lo suficientemente perspicaz como para atraerlas el tiempo suficiente te darán el mejor regalo del mundo.

— ¿Cuál?

— El impulso necesario para mover montañas.»

Corre

Opinión, Relatos

Una explosión y la humareda de polvo que empezó a teñir el aire de gris ceniza consiguió acallar unos instantes a decenas de transeúntes en Puerto Banús cuyos ojos despreocupados empezaron a presentar signos de duda ante la confirmación de sus peores sospechas.

Miré a mi madre, como el acto reflejo de un crío cuando está asustado; como si hubiera dejado que mi instinto tomara el control de aquellos instantes.