El reloj de oro

Relatos

Andaba tropezándose con sus propios pies. La angustia le impedía pensar con claridad. Estaba seguro de que el tiempo corría en su contra. ¡Vaya si corría en su contra!… Comprobó la hora: las diez y veinticinco de la noche.

Sin dejar de caminar, observó su muñeca, en donde llevaba la única riqueza que le quedaba: un reloj de oro. Solía decir que era su amuleto de la suerte, a pesar de la presión de su mujer para que lo vendiera. “Sergio, el dinero nos hace mucha más falta que un reloj de la suerte”, le decía con desdén. Pero no le hizo caso y en aquellos instantes, con el viento raspándole la piel de la cara, deseó que su amuleto le devolviera al pasado.

El disfraz

Relatos

El timbre de las once y media indicaba el fin del recreo. Todos los alumnos se encaminaron con paso cansado hacia sus respectivas clases, salvo Darío, que se escondió en un rincón apartado, detrás de la escuela, en donde le esperaban sus amigos.

El más alto y fornido, Rodri, le dio unas palmadas en la espalda felicitándole.

– Tío, menuda fiesta la de anoche ¿eh?…  Eres el amo.

Darío se rio.

-¿Acaso lo dudabais?- les dijo.