Por si te hace falta

Música en relatos, Opinión

No hay nada peor que el arrepentimiento. El sentimiento de que podrías haber hecho algo más, o haberlo hecho diferente, o directamente no haber hecho algo. Es como un dolor agudo acentuado en el pecho, como un constante recuerdo de que has estropeado algo que no debería estarlo y el culpable de eso, eres tú. O quizás no del todo, quizás hayas de ser objetivo y reconocer que parte de la culpa también la tuvieron las circunstancias.

¿Dudas?

Música en relatos, Opinión

Es curioso como entre las letras está inscrito un pasado, un presente y un futuro. Un pasado para estas palabras, ya que cuando las leas, formarán parte del pasado que ahora es mi presente. Y un futuro, porque para mí, en el momento en el que las leas, será mi futuro y al mismo tiempo tu presente.

Se abrió el telón

Música en relatos, Relatos

Shakespeare dijo una vez:

“El tiempo es muy lento para los que esperan,
muy rápido para los que temen,
muy largo para los que sufren,
muy corto para los que gozan.
Pero, para quienes aman,
el tiempo es eternidad.”                      

¿Qué llevas dentro?

Música en relatos, Relatos

En un salón cualquiera, había una vez un jarrón elaborado con sumo cuidado; decorado con trazos circulares, ovalados, triangulares y rectos que dibujaban un patrón repetido de formas azules, rojas y verdes. En los días soleados bastaba un simple vistazo para que los ojos se llenaran de la luz que reflejaba.

A su lado, descansaba una caja de madera que ocupaba casi la misma superficie. La madera estaba roída por los bordes a causa del tiempo, pero no era una caja fea; de hecho, conservaba aún cierta belleza. No obstante, su oscuridad y el contraste con la hermosura del jarrón lograban que pasara completamente desapercibida. Al fin y al cabo, tan solo era una caja más entre las millones de cajas de madera que existían en el mundo.

Había también un niño que, debido a que los niños tienden a ser curiosos por naturaleza, quería observar más de cerca estos dos objetos.

Primero cogió la caja que cayó al instante debido a su peso y el niño, sentándose mientras emitía un grito gutural que bien podría interpretarse como una risa abrió la caja y revolvió todo su contenido. No lo sabía, pero en aquel momento sostenía los recuerdos de un amor eterno plasmado en las palabras de unas cartas, el sentimiento de juventud y libertad encerrado en el olor tenue de unas margaritas casi secas y el mundo entero en las monedas acuñadas por países provenientes todo el globo terráqueo.

Cerrando la caja, el chiquillo se levantó como pudo alcanzando el jarrón pero sus cortos dedos apenas lograron rodearlo y su peso hizo que cayera al suelo haciéndose añicos.

El niño trató de buscar algo entre los trozos de cerámica y ya sea por no ver nada o por el estruendo del jarrón, prorrumpió en un llanto solo controlable por los brazos de su madre.

Lo que quiero decir con esta historia es que existen personas como el jarrón y la caja o incluso con un poco de ambas.

Algunas se ven espléndidas, personas que justo como pasaba con el jarrón, las miras y casi se te escapa un ‘wau’ incontrolable. No sólo me refiero a la belleza exterior, que también puede ser, sino que son personas abiertas, sonrientes, que se llevan bien con todos y tratan de agradarles, que dominan el lenguaje y saben qué decir en cada situación, aquellas que se esfuerzan en gustar porque eso se les da bien. Sin embargo… cuando se miran en sí mismos, encuentran un vacío que ven incapaces de llenar. Personas que por dar tanta importancia a las cosas del exterior que descuidan su interior, quizás no haciéndolo aposta, a lo mejor sin saber cómo llenar su vacío, a lo mejor buscando una manera de hacerlo.

Pero hay otras que pasan desapercibidas, otras que parecen del montón, que prefieren no destacar y que en su interior encierran un tesoro. Son personas que tan sólo cuando las conoces, descubres todo lo que guarda; personas fascinantes, dignas de observar, de conocer, de explorar; personas sorprendentes que nos rodean y que apenas nos damos cuenta de ello porque siempre andamos en búsqueda de aquello que podamos ver, oír o tocar y no sentir. Personas que sin duda, merece la pena conocer.

Y tú, ¿Qué llevas dentro?

 

 

 

 

 

 

 

Semana Santa, ¿y por qué no?

Música en relatos, Opinión

Por fin.

Una semana libre.

Es cierto, muchos tenemos trabajos, exámenes y mil cosas por hacer pero, es innegable que las condiciones no son las mismas.

Por fin, los que están lejos vuelven a casa; por fin nos administramos nuestro tiempo, el trabajo y el ocio a nuestro gusto, por fin podemos descansar, aunque sea un poco, dejando de lado la rutina del día a día, nuestras preocupaciones, centrándonos en la familia, el descanso y para los más semanasanteros, las procesiones… ¿me falta algo?

Soy cristiana. Sé que a veces, esa información no está políticamente bien vista pero últimamente me da igual. Vivimos en un mundo donde encasillamos a las personas según mil parámetros distintos sin percatarnos de que las personas, como tal, somos diferentes, únicas e irrepetibles. O sea, está bien sentirse parte de un grupo, siempre y cuando seas consciente de que no todas las personas son iguales. Por ejemplo, soy cristiana sí, y practicante, pero también defiendo el movimiento LGTB, respeto a todas las personas diferentes a mí, la libertad de cualquier individuo siempre y cuando no coaccione la de otra persona, el derecho a decidir sobre tu propia vida conscientemente, y no digo que yo tenga la verdad absoluta, pero sí demostrar que cada persona es un mundo en sí misma.

El caso es, que desde pequeña me han tratado de enseñar que la Semana Santa era, como su nombre indica, Santa. Una semana de reflexión, de acercarse a la religión, de ver qué camino está tomando tu vida, de servirte como un empujón para el resto del año y los pasos ayudaban a adentrarme en ese sentimiento místico e intrigante que traía consigo la semana.

Pensándolo concienzudamente no es mala idea. Al fin y al cabo nos encontramos a mitad de jornada, de curso, casi de año… está bien tomarnos un descanso y reflexionar acerca de todo el torbellino de cosas que suceden en nuestra vida. Es hora de hacer las paces con nuestros demonios, de tender la mano a los amigos, de dejar ir aquello que te frene, de saltar de un puente hacia lo que de verdad amas, y si no lo sabes, de buscarlo, porque créeme, hay algo.

Es momento que dejes atrás tu orgullo, tus envidias, tus celos y empieces a amar a todo lo que te rodea, de valorar todo lo que tienes. Porque eres tan afortunado de estar leyendo esto a través de un ordenador o del móvil, de tener una casa y conexión a internet, de tener en tus manos el poder de, al menos, subsistir.

Pero no vale solo con subsistir, tienes que existir, tienes que vivir al máximo y para ello, necesitamos examinarnos internamente y ver qué cosas pasan por nuestro interior, de buscar metas y luchar por ellas, de cambiar el mundo, o al menos, el nuestro.

Al fin y al cabo, ¿Por qué no?

 

 

Tormenta y parchís

Relatos

Ángela se acomodó en el sillón y sacó el móvil.<<Cincuenta notificaciones de whatsapp…>>. Suspiró mientras lo desbloqueaba.

Se dispuso a contestar a cada uno de los grupos y personas.

-¡Menudo tiempo! -comentó su padre entrando en el salón. Saludó a su mujer y sus tres hijos.

Como respuesta, un trueno sorprendió a la familia.