Dos días de vida

Opinión

Ella lucía como la mujer más hermosa del mundo. Incluso con esos pequeños tubos que le ayudaban a respirar. Incluso con el vestido blanco improvisado de última hora, incluso sin poder sostenerse en pie, se mantenía firme en la silla. Y Dios… esa sonrisa… por esa sonrisa habría dado la vida misma…

Buscando…

Música en relatos, Opinión

Todos nosotros estamos en continua búsqueda. Parece adherido al concepto de ser humano. Buscamos algo que nos complete, algo que nos haga sentirnos útiles, algo que merezca la pena, algo en donde poder destacar, buscamos– en definitiva- la felicidad allá donde vamos.

El problema viene en el cómo, o en el qué… muchas veces ni nosotros estamos realmente seguros de qué nos hace felices. Sin embargo, es esa la razón por la que probamos distintas vías; alguna, digo yo, que tiene que ser la nuestra ¿no?

Si hoy fuera el último día de tu vida: ¿estarías satisfecho?

Es curioso, hace un par de meses una señora mayor estaba a punto de inspirar su último aliento, pero en los días anteriores, ella solo recordaba aquello que no había hecho, oportunidades que no había aprovechado, sueños que ni siquiera llegó a intentar y personas a las que jamás podría pedir perdón.

Y todo esto tiene que ver con nuestra búsqueda porque quizás son  aquellas cosas a las que no nos atrevemos enfrentarnos, por miedo, vergüenza o pereza, las que nos acercan a esa felicidad tan nuestra. Al fin y al cabo, nadie dijo nunca que el camino tuviera que ser fácil.

Y entre tanto, simplemente viviremos.

 

 

 

 

Semana Santa, ¿y por qué no?

Música en relatos, Opinión

Por fin.

Una semana libre.

Es cierto, muchos tenemos trabajos, exámenes y mil cosas por hacer pero, es innegable que las condiciones no son las mismas.

Por fin, los que están lejos vuelven a casa; por fin nos administramos nuestro tiempo, el trabajo y el ocio a nuestro gusto, por fin podemos descansar, aunque sea un poco, dejando de lado la rutina del día a día, nuestras preocupaciones, centrándonos en la familia, el descanso y para los más semanasanteros, las procesiones… ¿me falta algo?

Soy cristiana. Sé que a veces, esa información no está políticamente bien vista pero últimamente me da igual. Vivimos en un mundo donde encasillamos a las personas según mil parámetros distintos sin percatarnos de que las personas, como tal, somos diferentes, únicas e irrepetibles. O sea, está bien sentirse parte de un grupo, siempre y cuando seas consciente de que no todas las personas son iguales. Por ejemplo, soy cristiana sí, y practicante, pero también defiendo el movimiento LGTB, respeto a todas las personas diferentes a mí, la libertad de cualquier individuo siempre y cuando no coaccione la de otra persona, el derecho a decidir sobre tu propia vida conscientemente, y no digo que yo tenga la verdad absoluta, pero sí demostrar que cada persona es un mundo en sí misma.

El caso es, que desde pequeña me han tratado de enseñar que la Semana Santa era, como su nombre indica, Santa. Una semana de reflexión, de acercarse a la religión, de ver qué camino está tomando tu vida, de servirte como un empujón para el resto del año y los pasos ayudaban a adentrarme en ese sentimiento místico e intrigante que traía consigo la semana.

Pensándolo concienzudamente no es mala idea. Al fin y al cabo nos encontramos a mitad de jornada, de curso, casi de año… está bien tomarnos un descanso y reflexionar acerca de todo el torbellino de cosas que suceden en nuestra vida. Es hora de hacer las paces con nuestros demonios, de tender la mano a los amigos, de dejar ir aquello que te frene, de saltar de un puente hacia lo que de verdad amas, y si no lo sabes, de buscarlo, porque créeme, hay algo.

Es momento que dejes atrás tu orgullo, tus envidias, tus celos y empieces a amar a todo lo que te rodea, de valorar todo lo que tienes. Porque eres tan afortunado de estar leyendo esto a través de un ordenador o del móvil, de tener una casa y conexión a internet, de tener en tus manos el poder de, al menos, subsistir.

Pero no vale solo con subsistir, tienes que existir, tienes que vivir al máximo y para ello, necesitamos examinarnos internamente y ver qué cosas pasan por nuestro interior, de buscar metas y luchar por ellas, de cambiar el mundo, o al menos, el nuestro.

Al fin y al cabo, ¿Por qué no?

 

 

El hombre del silencio

Arte en relatos

Había que reconocerlo, el hombre tenía buen porte. Era alto, pero no demasiado, con dos ojos redondos, marrones y francos que enmarcaban su rostro alargado y una barba bien perfilada acompañada por un bigote definido y recién cortado.

-Disculpe, ¿le importaría concederme el siguiente baile?- la mujer tenía mejillas sonrosadas y cabello fino y rubio que andaba recogido en un moño aparatoso típico de las cortes españolas del siglo XVI. El misterioso hombre inclinó la cabeza en una respetuosa reverencia aceptando la invitación.