Ladrón

Relatos

Respiraba entrecortado. Lo había logrado. Por los pelos.

Me acomodé apoyándome a la fría barandilla mientras observaba como el hombre echaba la vista más allá del ventanal esperando encontrar a alguien al otro lado, pero el metro había sido más rápido y lo único que divisó fue la oscuridad del subterráneo.

El disfraz

Relatos

El timbre de las once y media indicaba el fin del recreo. Todos los alumnos se encaminaron con paso cansado hacia sus respectivas clases, salvo Darío, que se escondió en un rincón apartado, detrás de la escuela, en donde le esperaban sus amigos.

El más alto y fornido, Rodri, le dio unas palmadas en la espalda felicitándole.

– Tío, menuda fiesta la de anoche ¿eh?…  Eres el amo.

Darío se rio.

-¿Acaso lo dudabais?- les dijo.