El hombre del silencio

Arte en relatos

Había que reconocerlo, el hombre tenía buen porte. Era alto, pero no demasiado, con dos ojos redondos, marrones y francos que enmarcaban su rostro alargado y una barba bien perfilada acompañada por un bigote definido y recién cortado.

-Disculpe, ¿le importaría concederme el siguiente baile?- la mujer tenía mejillas sonrosadas y cabello fino y rubio que andaba recogido en un moño aparatoso típico de las cortes españolas del siglo XVI. El misterioso hombre inclinó la cabeza en una respetuosa reverencia aceptando la invitación.