Lo confieso

Música en relatos, Opinión

No, no es domingo, lo sé. Aunque quizás, querido lector, te estés preguntando por qué hago una aclaración tan absurda, cosa que si me conoces podrías asegurar que no es nada raro en mí.

Pero no, antes de que me vaya por las ramas diré que la razón es que yo escribo los domingos– lunes de madrugada si me apuras– y suele, o más bien solía, ser algo semanal.

Todas las semanas me empapo de historias ajenas o propias y espero el domingo para poder imprimirlas en la infinita web, en un blog en principio secreto y poco más tarde extendido entre algunos de mis conocidos. Porque seamos sinceros, todo aquel que escribe en el fondo anhela– incluso inconscientemente– ser leído.

El caso es que no me he saltado mi regla estricta personal sin ningún motivo. Ha sido por una persona, uno de mis nuevos amigos. ¿Nunca te has parado a pensar la de increíbles personas que hay ahí fuera disfrazadas de gente normal?

Me vuelvo a ir por las ramas.

Este amigo me ha recordado una verdad que yo bien sabía pero que encerraba tras un muro, como si así no existiera… algo que a día de hoy no me había ido mal.

Y es que durante este curso han pasado bastantes cosas en mi vida, algunas emocionantes y otras… otras no tan buenas. Y en todas esas veces yo quería escribir. De verdad que sí. Quería hacer eso que adoro para curar mis propias heridas. Quería hacer aquello que siempre había hecho…

Pero puse un filtro demasiado agudo al escribir, ¿y por qué? no quería que nadie se preocupara por mí. Primero, porque suficiente tiene cada uno con lo suyo; segundo, porque llevo unos meses causando solamente preocupaciones a todos y tercero, porque; al fin y al cabo, soy consciente de que algunos de los lectores, amigos y familia,–probablemente leyendo esto– esperan esos relatos. Y a esas personas ya aviso, no estoy mal, de hecho estoy bastante bien, soy muy feliz, tengo personas de las que espero aprender a mi alrededor y cada día que pasa me sorprendo de lo afortunada que soy. No obstante, no siempre es así, y no es malo.

Otro buen amigo siempre me dice que soy la reina de la felicidad. Creo que he querido mantenerme a la altura. Porque hay muchas expectativas puestas en mí y yo misma he colocado la mayoría. Yo soy la que más me anima a alcanzar todo aquello que mi alocada mente desea porque tengo un miedo demasiado enorme a una vida monótona.

Quizás ese ha sido el problema. Enmascararme con una eterna sonrisa, aunque fuera falsa. Porque eso no existe, no es real. No hay una eterna felicidad y del mismo modo, una eterna tristeza. Esta vida caótica nos muestra contínuamente las dos caras de la moneda…

Sé que no es algo que vaya a cambiar ya, por mucho que me haya dado cuenta, pero sí que puedo escribir sobre ello. Puedo atreverme, como mi amigo valiente, a desnudar esos sentimientos que se me atoran en el pecho y la garganta y me encierran en una habitación haciéndome sentir el ser más insignificante del universo. Y el más incomprendido.

Y esto último también es curioso. ¿Cómo es que las personas que no son como la mayoría y salen de unas líneas marcadas por una sociedad que sigue las modas como borregos son tan incomprendidas? ¿por qué son las que se sienten más solas? ¿por qué este sistema educativo ayuda a que niños tan distintos y creativos se conviertan en adolescentes iguales y, los únicos diferentes, somos los raros? Porque me podrás poner ahora mil ejemplos de algunas mentes raras como Stephen Hawking, pero esos casos son 1 entre 1 millón… y aunque siempre me ha caracterizado tener esperanza en exceso hace poco que no la siento. Hace ya un poco más que poco.

Y No. No creo que lleguemos a ser ese 1. Pero supongo que ahora va lo de que tampoco es imposible.

El caso es que toda esta retahíla de reflexiones y medio confesiones se la debo a mi amigo. Y si alguna vez llegas a leer esto, aunque me muera de vergüenza, gracias, de todo corazón. Porque está bien soltar eso que sientes dentro y que no es tan agradable de vez en cuando. Está bien que escriba un texto aunque no esté impregnado en absurda esperanza. Porque está bien no estar bien de vez en cuando. Y eres increíble. Las personas son increíbles. Todos tan llenos de historias, tan llenos de llegar a los demás. Con unas pocas palabras, con unos pocos gestos, con unas teclas tocadas de un piano viejo en un teatro maldito…

Eres absolutamente flipante.

Gary Jules- Mad World

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2 comentarios en “Lo confieso

    1. Muchísimas gracias, estrellita. Hay veces que se deben dejar salir las palabras, los pensamientos o los sentimientos. No hay que tragárselos, no todos al menos, porque acabarás explotando y eso dolerá a todos.
      Otro abrazo enorme. ❤️

      Le gusta a 1 persona

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