¿Qué llevas dentro?

Música en relatos, Relatos

En un salón cualquiera, había una vez un jarrón elaborado con sumo cuidado; decorado con trazos circulares, ovalados, triangulares y rectos que dibujaban un patrón repetido de formas azules, rojas y verdes. En los días soleados bastaba un simple vistazo para que los ojos se llenaran de la luz que reflejaba.

A su lado, descansaba una caja de madera que ocupaba casi la misma superficie. La madera estaba roída por los bordes a causa del tiempo, pero no era una caja fea; de hecho, conservaba aún cierta belleza. No obstante, su oscuridad y el contraste con la hermosura del jarrón lograban que pasara completamente desapercibida. Al fin y al cabo, tan solo era una caja más entre las millones de cajas de madera que existían en el mundo.

Había también un niño que, debido a que los niños tienden a ser curiosos por naturaleza, quería observar más de cerca estos dos objetos.

Primero cogió la caja que cayó al instante debido a su peso y el niño, sentándose mientras emitía un grito gutural que bien podría interpretarse como una risa abrió la caja y revolvió todo su contenido. No lo sabía, pero en aquel momento sostenía los recuerdos de un amor eterno plasmado en las palabras de unas cartas, el sentimiento de juventud y libertad encerrado en el olor tenue de unas margaritas casi secas y el mundo entero en las monedas acuñadas por países provenientes todo el globo terráqueo.

Cerrando la caja, el chiquillo se levantó como pudo alcanzando el jarrón pero sus cortos dedos apenas lograron rodearlo y su peso hizo que cayera al suelo haciéndose añicos.

El niño trató de buscar algo entre los trozos de cerámica y ya sea por no ver nada o por el estruendo del jarrón, prorrumpió en un llanto solo controlable por los brazos de su madre.

Lo que quiero decir con esta historia es que existen personas como el jarrón y la caja o incluso con un poco de ambas.

Algunas se ven espléndidas, personas que justo como pasaba con el jarrón, las miras y casi se te escapa un ‘wau’ incontrolable. No sólo me refiero a la belleza exterior, que también puede ser, sino que son personas abiertas, sonrientes, que se llevan bien con todos y tratan de agradarles, que dominan el lenguaje y saben qué decir en cada situación, aquellas que se esfuerzan en gustar porque eso se les da bien. Sin embargo… cuando se miran en sí mismos, encuentran un vacío que ven incapaces de llenar. Personas que por dar tanta importancia a las cosas del exterior que descuidan su interior, quizás no haciéndolo aposta, a lo mejor sin saber cómo llenar su vacío, a lo mejor buscando una manera de hacerlo.

Pero hay otras que pasan desapercibidas, otras que parecen del montón, que prefieren no destacar y que en su interior encierran un tesoro. Son personas que tan sólo cuando las conoces, descubres todo lo que guarda; personas fascinantes, dignas de observar, de conocer, de explorar; personas sorprendentes que nos rodean y que apenas nos damos cuenta de ello porque siempre andamos en búsqueda de aquello que podamos ver, oír o tocar y no sentir. Personas que sin duda, merece la pena conocer.

Y tú, ¿Qué llevas dentro?

 

 

 

 

 

 

 

2 comentarios en “¿Qué llevas dentro?

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