Música en relatos

Tú, que acaricias las letras con tus ojos esperando hallar una respuesta.

Tú, que siempre tratas de hacer lo correcto aun cuando las cosas te salen del revés.

Sí, te hablo a ti.

Seguro que ya te has dado cuenta, pero las cosas nunca pasan como tú esperas, y eso no es malo, es natural, es emocionante y caótico al mismo tiempo, es la vida misma.

¿Viste cómo aquellos amigos que nunca esperabas ver juntos de pronto son pareja? ¿o esa persona con quien nunca esperarías llevarte bien de la que no te separas? ¿y la noche donde ibas a destacar por encima de los demás que resultó ser una cualquiera? ¿recuerdas cuando juraste nunca más llorar y no pudiste aguantarte? ¿cuando todos los muros construidos con esperanza caían? ¿cuando tus sentimientos explotaron? ¿Dónde quedan la sonrisa de tonto que se te queda cuando ves algo que te gusta? ¿y las risas que no te esperas, esas que contagian? ¿te acuerdas de ese abrazo inesperado, aquel abrazo entre amigos que nadie quiso soltar?

Ninguna de esas cosas las planeaste pero, oye, no estuvieron del todo mal. Léeme bien amigo, somos instantes hechos de momentos inesperados, tanto positivos como negativos.

Dicen que a veces no es necesario pasar de página, o cambiar de libro, que a veces solo hay que cambiar la manera de interpretar lo que está escrito, ¿lo entiendes? ¿entiendes que no es un todo o nada? ¿blanco o negro? si lo fuera, ¿Dónde quedarían los grises? Esa infinidad de números entre el -∞ y el ∞. Así que deja de ser tan extremista y empieza a valorar lo que sí puedes llegar, que no es poco, para nada.

Piensas que estoy loca ¿verdad? que no entiendo absolutamente nada, que lo digo porque yo no estoy en tus zapatos… pero te aseguro que cuando estoy realmente convencida de algo no lo estoy en tan solo un 99% y de la misma forma que sé que mañana el sol volverá a salir sé que la única manera de conseguir lo que te propongas es luchar por ello al máximo.

Pero no. No nos engañemos. También sé que a veces nos podemos equivocar, y el camino por el que paseábamos (algunos corrían) con el fin de alcanzar con todas nuestras fuerzas la meta, el lugar donde pensábamos que seríamos felices, puede conducirnos hacia otros caminos insospechados, ocultos, que quizás nos lleven con el tiempo a un lugar mucho más encantador que aquello que creíamos merecer.

Suena bonito ¿verdad? pensar que no importa lo que pase, no importa los desengaños o los tropezones, siempre llegaremos a nuestro destino, sea cual sea, aunque aun no tengamos ni la más remota idea.

No es tan fácil, hay que mantener los ojos muy abiertos, hay que saber cuando avanzar por un sitio u otro, hay que tener cuidado con los atajos, saber si subir o bajar los peldaños de una larga escalera, tienes que ser listo y astuto, pero sobretodo tienes que quererte a ti mismo, porque solo cuando empieces a valorarte podrás valorar a los demás y solo entonces, cuando verdaderamente te des cuenta de lo increíble de tu existencia, tendrás la capacidad de brillar con tanta fuerza que podrás iluminar a todos los que te rodean y el camino no será tan oscuro ni tan solitario.

 

 

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