¿Juego de niños?

Relatos

– ¡Vamos Juan, únete!

– Mmm no sé, no sé…

Dentro del periodo escolar existe una hora donde las clases se interrumpen por el recreo. Para algunos, significaba el descanso tan ansiado; para otros, el momento perfecto de juegos y evasión de todo el estrés; sin embargo, en el recreo del Colegio Solinube había un grupo de niños cuya hora de recreo significaba ganar o perder, el éxito o el fracaso, la vida o la muerte.

– Vale, que ya, que odias esta prueba, pero si no vienes te echarán de la partida.

Juan miró a sus compañeros preparando el dichoso juego. Estaban en una pista de tenis, un equipo recogía 50 pelotas mientras el otro se colocaba en línea recta delante de la pared.

– Me quemarán. Nos ha tocado delante del frontón y soy muy lento y me pongo muy nervioso. Seré el primero que quemen y seguro que duele, ellos son unos brutos. David, todas las semanas desde que empezó el curso hacemos estas partidas y casi siempre ganan los otros, ¿Qué más da que me retire?

Resulta que el inicio de su último año de primaria había sido agotador. En la clase  de sexto A se habían organizado en dos grupos diferenciados, azul y rojo, los clásicos enemigos en los equipos. Cada semana durante los recreos, algún equipo organizaba una prueba al contrario, elegidos de un libro de mil páginas que le regalaron a Gloria, la delegada de clase y el equipo con más victorias de la semana recibía un regalo en compensación (una merienda, unas entradas de cine, un masaje, hacerles los deberes…)

– ¡Eh, rojitos! ¿Estáis ya?

David agarró a su amigo por los hombros mirándole fijamente. Él era de estatura media, delgaducho y con el pelo castaño y rizado, pero tenía unos ojos marrones y francos que transmitían el coraje de su voz. Desde el primer momento se había tomado muy en serio todo el juego que habían organizado como si aquello fuese determinante para su vida futura, convencido de que así lo era.  

Juan ,en cambio, era algo más desgarbado y bajito, pálido, rubio y con unos ojos grandes, azules y muy redondos. No se le daba del todo bien aquellos juegos, aunque se había apuntado porque sus amigos estaban ahí.

– Escúchame Juan, es verdad, no hemos ganado muchas partidas, pero aun así te necesitamos ¿entiendes? – le zarandeó- despierta Juanito, no hemos ganado, pero, ¿y si es esta la vez en la que ganamos, pero por culpa de tu miedo no lo hacemos? Mi mamá dice que si intentas hacer algo puedes conseguirlo o no, pero si no lo haces ya tienes la derrota de primeras.

– ¡Vosotros dos! ¡Id al frontón ya o no jugáis!

Juan resopló. David hizo caso omiso a las advertencias y siguió intentándolo.

– Ni siquiera entiendo cuál es el fin de este juego…

– ¡No importa! La cuestión es jugar, solo tenemos que aguantar hasta que se queden sin pelotas; esfuérzate y si pierdes, perdemos todos, somos un equipo. Y si no lo hacemos, mañana ganaremos y si no, pues pasado mañana. No te preocupes por el premio, la cosa es no rendirse.

Juan volvió a resoplar, pero dejó escapar una risa más confiado.

– Vale. Vamos.

David le revolvió el pelo a su amigo y se dirigieron hacia la pared del fondo.

– ¡Os vais a enterar azulones! – vociferó David seguido de sus compañeros.

En cuanto dieron la señal de inicio, las pelotas volaron por toda la pista y los primeros niños no tardaron mucho en caer quemados.

– Oh, ¡mierda! ¡Rodri! ¡Te has pasado de fuerza!

– ¡Lo siento miss Ana!- rio burlonamente el tal Rodri, su puntería era excepcional.

Entretanto Juan jugaba pasando desapercibido, esquivando en silencio y tratando de no llamar mucho la atención, se había colocado en la esquina perfecta y veía como su amigo, David, que orgullosamente ocupaba el lugar central y esquivaba con agilidad las pelotas.

‘Puede darme en cualquier momento’ pensaba, pero acordándose de su amigo se repetía ‘no, no, tú puedes Juan, puedes con esto y mucho más, no tengas miedo’ y poco a poco, a medida en que el equipo rojo empezaba a disminuir las pelotas se redujeron hasta que solo quedaron dos.

Rodri cogió las dos pelotas sin preguntar a su equipo y observó a las dos únicas personas que quedaban. David y Juan.

– De David me lo esperaba, pero ¿Juan? ¿Cómo han podido quemar a otros antes que a ti?

 Juan respiró hondo. Rodri le daba miedo. El chico empezó a andar de un lado a otro sin apartar la vista de él.

‘Va a por mí. Mierda, va a por mí. Mi equipo perderá por mi culpa.’

Rodri miró unos escasos segundos a David mientras estiraba su brazo en el instante en el que Juan aprovechaba para inhalar más aire y fue en ese momento cuando lanzó la pelota con todas sus fuerzas hacia Juan girando la muñeca.

Juan cerró los ojos esperando el impacto, pero… nunca le llegó a dar. Abrió los ojos para ver la mano de su amigo a centímetros de su cara cogiendo la pelota.

-Rodrigo eres un guarro. Llegas a darle y le rompes la nariz- le espetó con fiereza David consciente de que estaba eliminado- a la cara no vale.

Rodri estalló en una risa, a pesar de que incluso los miembros de su propio equipo empezaron a mirarle enfadados.

– Rodri te estás pasando.

– Vale, vale, lo siento- dijo sin ni siquiera sentirlo. Cegado por ganar- solo me queda una, ¿acabamos u os vais a rendir?

David se giró hacia Juan, que apenas podía moverse y le dio unas palmadas en el hombro.

– Da el máximo de ti Juanito, no te preocupes. No estás solo. Ahora mismo, tú eres todo el equipo rojo y si pierdes, perdemos y si ganas, ganamos- repitió- y mañana volveremos a intentarlo otra vez.

David salió del campo con el resto de quemados.

– ¡Juan, tú puedes!- gritó Ana seguida del resto del equipo rojo.

Juan concentró toda sus energías en Rodrigo.

– ¡La pelota Juan! ¡Puedes esquivar la pelota!

Cierto. Juan dejó de concentrarse en Rodri y se centró en la pelota que había en sus manos. El verdadero obstáculo para la victoria. No pasaba nada si perdía, porque no se rendiría, pero tenía que ganar, iba a ganar por todo su equipo.

Rodrigo no se lo pensó mucho, tensó el brazo en un movimiento rapidísimo antes de lanzar la pelota hacia Juan.

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