Mariposas de luz

Relatos

«No dejes que se escapen las mariposas.

Sé que son huidizas, que es difícil encontrarlas, que hacen que tiemble todo el ecosistema, que hacen cosquillas; y no unas cosquillas agradables, sino unas incómodas cosquillas que se presentan en el peor momento posible.

No importa. Da igual. No le hagas caso al resto, que te dirá que son alucinaciones tuyas, que las mariposas no existen y que probablemente estés intoxicado por algún agente externo. Esas son tonterías que se tragan los idiotas que están cagados de miedo por dentro. ¿No me crees? Te aseguro que esa apariencia de indiferencia es solo una tapadera. Al fin y al cabo la gente tiene un miedo acojonante a todo lo desconocido.

Luego estarán todos aquellos simplistas que achacarán esas mariposas a un solo sentimiento. Ja. Es mucho más que eso, te lo aseguro, esas mariposas son especiales. Si solo pudieras echarles un vistazo, verlas como yo las veo, quedarías prendado de ellas. Son brillantes, como si estuvieran hechas de luz, puras y letales a la vez, un solo vistazo basta para estar rendido a sus pies, y si eres lo suficientemente perspicaz como para atraerlas el tiempo suficiente te darán el mejor regalo del mundo.

— ¿Cuál?

— El impulso necesario para mover montañas.»

Vulnerables

Opinión

A veces nos da por creer que somos invencibles. Lo único que nos importa es el qué dirán, el tener más amigos, el tener más cosas. Y estamos acechados por una sombra de juicios contra uno y los demás que nos convierte en seres más desconfiados, menos humanos. Es decir, tenemos preocupaciones habituales. Hasta que ocurre algo fuera de lo habitual. Una enfermedad, una crisis, ganar la lotería…

Esta vez, vino en una forma extraña, casi como sacada de un libro de ciencia ficción: una pandemia global. Llego a leer estas líneas hace unos meses y no sería consciente de lo surrealista que suena. Sin embargo, más de un mes después del confinamiento, el virus está tan extendido que es casi imposible que no te toque de cerca a alguien y eso, como todo, lo convierte en más real. Porque aquí se haya la otra característica excepcional: esta vez, nos afecta a todos los humanos. Ha tenido que ser un virus es el que nos una a cada uno de nosotros, sin importar el país, lengua, color de piel, etnia, sexo, ideología, etc. por mucho que algunos se empeñen en dividir.

4B

Sin categoría

Se me había olvidado lo mucho que echaba de menos escribir en este blog. Supongo que a veces es necesario tomarse un tiempo ¿no? para redescubrirse, para descansar, para seguir mejorando antes de volver a la rutina.

A pesar de que me ha llevado un cuatrimestre entero, por primera vez en mucho tiempo podría asegurar que no ha sido en vano. He estado cuatro meses en Nueva York, en la universidad con la que llevo soñando desde que empecé a estudiar. Pero, a pesar de que podría escribir decenas de relatos con todos los lugares, las historias y las personas que he ido encontrando en el camino, si voy a escribir sobre Nueva York, antes querría hacerlo del 4B.

A primera vista parece más bien poca cosa. Después del pasillo con luces amarillentas, el crujir de la madera del suelo y alguna telaraña en el techo, unas escaleras estrechas alfombradas como un motel de carretera te dan la bienvenida a la puerta puerta del 4B. Tras poner el código y empujar (la puerta se atranca un poco al principio), encuentras a tu izquierda con una cocina pequeña que da al baño, y un pasillo estrecho que a su vez lleva a las habitaciones y el salón.